Momentos extraños, momentos de antaño, momentos lustres y de decadencia, una
peculiaridad innata de un rostro indeleble, la razón propia de lo que es y lo
que será, tan imprevisible es la plenitud misma cuando se moja una piedra, pero
tan tangible cuando es tocada por la erosión.
Un simple extrañar es la pauta diaria, el tan dichoso pan de cada día, tan
complicado y sencillo a la vez, acotaciones de situaciones perplejas a la par
de una aptitud escasa.
Ojos cafés, labios quebrados, nariz con la punta redonda que el setenta por
ciento del tiempo estaba roja, ese mentón prominente, cabello quebrado y lunar
en la mejilla, es todo lo que veo, todo lo que recuerdo, todo lo que añoro.
Solo deja su rastro al sentir sus labios, su piel y aspirar ese aroma
tóxico, utopía desecha al despertar continuo en la realidad misma de lo que es
y lo que fue.
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